Memorias de Barcelona: coctelería Excelsior

Lo dice la mítica habanera, “tingueren la culpa els americans ” y es que Catalunya perdió la guerra contra los americanos en 1898 y ellos dejaron de tener algún interés por la ciudad condal. Barcelona se encontraba en plena transformación y un nuevo eje se acababa de abrir, la Via Layetana, un pequeño reflejo de la Nueva York de aquella época y que tanto gustaba a los banqueros y familias acomodadas de la ciudad y que podían presumir de tener los primeros ascensores. El Consulado General de Estados Unidos tuvo su sede durante más de veinte años en esta avenida.

La neutralidad durante la primera guerra mundial fue muy rentable tanto para el comercio como la industria y la ciudad se había convertido en un punto de encuentro de una turbia fauna internacional: espías de todos los lugares y condiciones, aristócratas venidos a menos donde las borracheras con smoking eran chic y los cafés vivían una auténtica revolución para ver quien era capaz de innovar más.

Y si hubo uno que destacó, ese fue Jack Urban, cuyo nombre real era Irven Del Mónico, que mandaba en el American Bar de l’Excelsior en la Rambla. Fue el que introdujo numerosos cócteles como los juleps o los fizz que tanto gustaron a la clientela local. Cócteles como el brandycold, el cherryflip o los combinados con champán.

Fué el primero en abrir las 24 horas y que se salvó del hundimiento gracias al descubrimiento en Francia de las patatas chips y que trajeron raudos y veloces para acompañar los cócteles y que fue toda una novedad en aquella época.

 

 

 

 

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